Es hora de volar

 


Fui lo que me pediste, sin cuestionar, sin medida,
moldeé mis alas al viento que tú misma dirigías.
Callé mis propios deseos por sostener tu alegría,
y en el intento, amor mío, se me fue parte de la vida.

Te busqué entre las palabras, en las noches más calladas,
quise hallar tu alma intacta tras tus puertas cerradas.
Me perdí entre tus silencios, entre gestos que engañaban,
descubrí que el alma miente cuando el corazón se apaga.

Me juraste ser distinta, una llama que no hiere,
pero el fuego que encendiste me quemó lo que más duele.
Fuiste sombra entre la bruma, un espejismo, un disfraz,
y aunque creí ver el cielo, sólo hallé un eterno quizás.

Tropecé con tus promesas, me aferré a tus ilusiones,
como el mar que espera siempre el regreso de los soles.
Pero no hubo primavera, ni esperanza que brotara,
solo un campo de tristezas donde mi alma se sembrara.

No me debes explicaciones, ya entendí tu libertad,
cada quien carga sus cruces, cada quien sabe su andar.
Yo te di lo que tenía, tú tomaste sin mirar,
pero el corazón, herido, ya no vuelve a suplicar.

Hoy despierto de tu sombra, de tus besos sin destino,
del abrazo que era frío, del amor que fue asesino.
Hoy recojo mis pedazos y aunque duela caminar,
sé que lejos de tu mundo tengo espacio para amar.

Mi corazón no te pertenece, ya no late en tu prisión,
ha aprendido, entre sus grietas, a latir con otra voz.
No me busques en tus noches, no me llames si hay dolor,
porque fui lo que pediste... pero ya no soy tu amor.

Y ahora vuelo, sin regreso, sin cadenas, sin temor,
es la hora de mi vuelo, de mi renacer mayor.
Aunque sangren las heridas, aunque pese la verdad,
hoy mi alma se libera…
hoy por fin… es hora de volar.

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