Éramos apenas sombra



Intenté amarte desde la herida,

desde ese rincón roto donde aún creía en algo.

Te ofrecí lo que quedaba de mí —

no era mucho, pero era real—

y aún así no bastó.


Quise desvestirme el alma frente a ti,

pero me temblaron los silencios,

y tú no supiste esperarlos.

Intenté conocerte, sí,

pero me aterró la idea de que, al mirarme,

te decepcionaras como yo lo hice al mirarte.


Me acerqué con el temblor de quien ya ha caído muchas veces,

con el anhelo sordo de quien suplica sin palabras.

Pero tus gestos eran cuchillos,

y tus palabras… despedidas en voz baja.


No bastó con querer.

No bastó con quedarme cuando todo dentro de mí gritaba que huyera.

Tampoco bastó la esperanza,

esa necia, esa tonta, esa cruel.


Porque cada intento terminó en la misma ruina,

cada caricia en el mismo muro.

Y lo supe, al final:

no éramos amor, ni historia, ni destino.

Éramos apenas sombra.

Éramos la nada fingiendo ser algo

Comentarios