Me hablaron de ella,
la que traía el fuego en la mirada,
la que al rozar con su risa el viento
dejaba al sol en retirada.
Dijeron que vendría como tormenta,
como un relámpago quebrando la razón,
pero cuando abrí las puertas,
solo el silencio cruzó.
Busqué su reflejo en otras bocas,
en las esquinas donde la luna se esconde,
pero ella no era más que sombras,
un nombre que el alma responde.
Tal vez nunca existió,
quizás fue un suspiro pintado en mis noches,
o un verso que el corazón imaginó
para no sentirse tan pobre.
Porque si ella era el amor,
¿por qué su ausencia pesa más que su llegada?
Si fue real,
¿por qué la siento más cuando no queda nada?
Ella, la que nunca llegó,
vive en cada latido que miente,
y aunque la esperé,
aprendí que algunas mujeres
solo existen en la mente.
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