A ella, que fue y se fue



A ti,
que llegaste como el alba descalza,
dejando huellas que aún me duelen ver,
te escribo desde esta calma rota,
desde el rincón donde fuiste mujer.

Eras luz,
pero no la que abriga,
sino la que ciega y arde sin querer,
me enseñaste que el amor castiga
cuando se da sin saber perder.

Aún guardo las palabras que no dijiste,
esas que callaste en la última mirada,
y cada noche vuelven, tristes,
a llenar de eco mi almohada.

Porque amarte fue beber del mar,
soñar con olas que no sabían volver,
y en tu adiós supe naufragar
sin aprender a desaparecer.

No sé si fuiste amor
o el espejismo de lo que creí tener,
pero sé que donde antes había fuego,
hoy solo queda ceniza por llover.

A ti,
la que fue y se fue,
te dejo este poema sin nombre,
porque amar a quien ya no existe
es solo darle vida al hombre
que aprendió a perderse por ti.

Comentarios