Nos miramos en silencio,
como quien sabe que el deseo es una sentencia.
Tus ojos me llaman, pero el mundo nos grita
que no podemos responder al fuego que arde dentro.
Te pienso en cada rincón donde no existimos,
donde no hay muros, ni relojes, ni prohibiciones.
Allí somos libres, pero aquí somos fantasmas
que rozan los límites sin cruzarlos jamás.
Es amor sin mañana,
un secreto entre los labios que no se besan,
un pacto con la ausencia
porque tenernos sería perderlo todo.
Aún así, te llevo en la piel,
como un tatuaje invisible que nadie sospecha.
Y aunque no digamos una palabra más,
sé que en tu mirada late la misma imposibilidad.
Somos historia que nunca empezó,
un eco de lo que nunca fue,
y, sin embargo,
te amo… como si algún día fuéramos a ser.
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