Sin disfraz



Hoy no hubo máscaras,

ni esa sonrisa falsa que ensaya el espejo.

Dejé que el peso se viera en mis ojos

y en cada suspiro que no quise ocultar.


Es la misma tristeza de siempre,

solo que hoy me encontró cansado,

sin fuerzas para pelearle la batalla

ni voluntad para pintarme de calma.


Me pidieron explicaciones:

“¿Qué tienes? ¿Estás bien?”

Yo solo asentí sin dar respuesta,

como si decir la verdad pesara aún más.


La tristeza no llega con aviso,

no toca la puerta ni pide permiso,

se cuela en los huecos de las palabras

y hoy encontró todos abiertos.


No quiero compasión ni soluciones,

solo un espacio donde descansar,

donde esta pena que cargo a diario

pueda, aunque sea por hoy, respirar.

Comentarios