Hoy no escondí mi tristeza




Hoy se desbordó sin aviso,

como el río que rompe su cauce;

no hubo fuerza para disimular,

ni máscara que encajara a tiempo.


Llevo días guardando silencios,

puliéndolos con la lengua apretada.

Pero hoy... hoy se me cayó la voz

y en su lugar quedó este nudo.


Es un cansancio sin nombre,

como sombra que persigue y no suelta,

un peso que se acumula lento

hasta romper las costuras del alma.


No es que hoy duela más que ayer,

es la rutina de cargar lo mismo.

Solo que hoy el disfraz se rompió,

y no tuve más ganas de coserlo.


Si alguien me pregunta, diré:

"No pasa nada, es solo uno de esos días".

Pero tú lo sabes, y yo también:

es la tristeza de siempre,

sin ganas, esta vez, de ocultarse.

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