En la profundidad del alma, en el rincón más oscuro,
allí yace el dolor, con su mirada dura,
como un eco constante, como un río impetuoso,
fluye en el silencio, en cada paso incierto.
Es un manto pesado que cubre el horizonte,
una sombra que persiste, que en la piel se esconde,
susurra sus secretos en la noche más fría,
y en el eco del viento, su lamento se desliza.
El dolor, compañero de las horas más amargas,
labra surcos profundos en las almas más grandes,
se cuela entre los sueños, entre risas y cantos,
recordándonos siempre de los golpes del llanto.
Pero en su amargo abrazo, también hay enseñanza,
en cada cicatriz, una lección se alcanza,
nos muestra nuestra fuerza, nuestra capacidad de amar,
nos enseña que en el dolor, también podemos brillar.
Así pues, oh dolor, aunque cruel y persistente,
en tu abrazo encontramos lo más profundo de la mente,
nos forjas con tu fuego, nos moldeas con tu afán,
y en tu esencia encontramos la esencia de ser humano, al fin.

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