TODO FLUYE

 



En el rincón del alma donde duerme la esperanza,

donde la luz titila aún en la más densa bonanza,

se teje un poema de fe que al viento se expande,

en cada verso, la certeza de que el tiempo todo sana.


Bajo el manto de estrellas que guardan secretos antiguos,

la promesa se susurra, como un viento en los trigales,

que todo dolor, cual efímera sombra, se desvanece,

que en el devenir del reloj, la cura aguarda sus señales.


Las horas, como sanadoras silenciosas,

trazan caminos en el lienzo de nuestras vidas,

cicatrices que cuentan historias de batallas,

testigos mudos de la voluntad, que siempre convida.


En el crepúsculo incierto de los días grises,

donde la tristeza intenta ser dueña de la escena,

surge la fuerza interna, la llama indomable,

que en la voluntad persistente, halla su cadena.


Aunque tormentas azoten con furia despiadada,

y el corazón pese como roca en el pecho,

la fe se erige como faro en la penumbra,

la certeza de que tras la noche, habrá amanecer derecho.


Porque el tiempo, cual mago sabio de la existencia,

teje hilos invisibles que unen pasado y presente,

y en su danza eterna, encuentra la medicina,

la cura que transforma ciclos, siempre latente.


Así, en la danza de las estaciones y los años,

donde el tiempo es un aliado, no un tirano,

la fe se eleva como ala que anuncia vuelo,

la esperanza resurge, como un eterno arcano.


En cada paso firme hacia el mañana incierto,

la voluntad se convierte en brújula y guía,

pues en el núcleo del ser, donde late lo cierto,

se halla la fuerza que de la oscuridad desafía.


Que en este poema se anide la verdad sencilla,

que el tiempo es bálsamo para heridas abiertas,

que la fe y la voluntad son llaves de la orilla,

donde el río de la vida fluye hacia tierras despiertas.

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