En la penumbra de mi ser, me siento invisible,
un eco perdido en el silencio, apenas audible.
En el rincón del olvido, mi sombra se disuelve,
una melodía apagada, donde el eco no resuelve.
Mis pasos son susurros en un sendero desolado,
un verso olvidado en un libro cerrado.
Me siento en la penumbra, como sombra sin contorno,
un suspiro en el viento, apenas un adorno.
En la esquina del olvido, mi presencia se desvanece,
un eco de mi existencia que el tiempo enmudece.
Me siento como algo inútil, un adorno desgastado,
una rosa marchita en un jardín abandonado.
En la sinfonía de la vida, soy una nota perdida,
un eco apagado en la melodía compartida.
Me siento invisible, como un sueño desvanecido,
una estrella opacada en un cielo encubrido.
Pero en la quietud de mi sentir, busco la luz,
un destello que rompa esta oscura quietud.
Porque aunque me sienta en la sombra del olvido,
sé que en mi esencia, hay un latido aún no perdido.
Quizás soy un susurro en la vastedad del viento,
pero en mi corazón, hay un eco persistente.
Aunque me sienta inútil, como un objeto olvidado,
sé que en mi interior, hay un valor guardado.
En el rincón de la invisibilidad, busco mi voz,
un grito silencioso que rompa el velo atroz.
Porque aunque la sombra me abrace con frío,
sigo siendo un poema inacabado, un verso aún mío.

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