En el eterno baile de la vida danzamos,
en un escenario de luces y sombras nos encontramos,
donde el corazón es el músico que toca,
una melodía única, intensa y loca.
La vida es un poema, una obra de arte,
tejiendo versos con cada latido, sin aparte,
susurra secretos en el viento que corre,
y pinta paisajes con cada nuevo alvorecer.
En el lienzo del tiempo, pinceladas de emociones,
colores vivos que llenan los corazones,
risas y lágrimas, un constante fluir,
construyendo sueños, dejándose sentir.
En los días de sol, la alegría se desborda,
como olas que acarician la dorada orilla,
y en las noches oscuras, la esperanza aflora,
como estrellas que iluminan la senda tranquila.
La vida es una danza, un vaivén sin igual,
pasos inciertos, pero siempre con anhelo,
nos caemos y nos levantamos, sin cesar,
buscando el sentido en este gran desvelo.
Cada encuentro, un abrazo de alma a alma,
cada despedida, un adiós que deja calma,
amores, amistades, lazos que perduran,
aunque el tiempo avance, la vida perdura.
En los giros inesperados del destino,
descubrimos que somos fuertes y divinos,
caminantes errantes de este vasto sendero,
buscando en cada paso, un propósito sincero.
La vida es un poema que nunca termina,
cada verso, un capítulo, una esquina,
aprendiendo a valorar cada latido,
cada momento, el regalo compartido.
Así es la vida, una sinfonía en evolución,
un poema eterno lleno de pasión,
aceptando el desafío de cada día,
en este misterioso y maravilloso viaje llamado vida.

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