GRACIAS AL AMOR


¡Oh, amor sublime, eterno y divino!,

En tu esencia se funden los corazones,

un vínculo mágico, un lazo genuino,

que trasciende fronteras y naciones.


Eres el fuego que arde sin cesar,

el bálsamo que calma todas las heridas,

en tu abrazo, el mundo parece girar,

y se disipan las sombras escondidas.


Eres el suspiro en la noche estrellada,

la melodía suave en el viento que pasa,

un torrente de emociones desatada,

que enciende el alma, que embriaga y abraza.


En el amor, las almas se entrelazan,

tejiendo sueños y esperanzas a su alrededor,

se desvanecen las barreras y las amenazas,

y florece la unión en su esplendor.


El amor es el eco de la eternidad,

que resuena en cada latido del corazón,

un canto inmortal que perdura en la inmensidad,

tejiendo en su trama una dulce canción.


En la mirada del amado, se esconde el cielo,

la complicidad de dos almas que se reconocen,

una danza sagrada que fluye en desvelo,

en un abrazo profundo, ambos se enriquecen.


El amor es un sol que nunca se oculta,

una luz que guía en la oscuridad,

es el alma misma que se exulta,

en cada gesto, en cada palabra, en cada mirar.


¡Oh, amor, fuerza invencible e indomable!,

en ti encontramos la razón de ser,

transformas lo posible en lo increíble,

y nos enseñas a amar, a crecer.


En la Oda al amor, se rinde homenaje,

a la llama que arde con pasión,

una fuerza que trasciende al linaje,

que ilumina el camino de toda nación.


Así, en el altar del amor nos postramos,

agradeciendo su presencia y su don,

porque en cada latir, en cada paso que damos,

el amor nos guía, nos sostiene, nos da razón.

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